Evangelio del día

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El misterio de la concepción, revelado a José
Mateo 1, 16. 18-21. Solemnidad de San José. Hombre de corazón justo que no sabía negarle nada a Dios. Creyó, y, porque creyó, fue el primero en adorar Aquel Niño.
 
El misterio de la concepción, revelado a José
Mateo 1, 16. 18-21. 24


Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, como era justo, no queriendo ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto. Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados». Despertado José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado.





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Martes 5 enero 2010 2 05 /01 /2010 16:20
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Martes 5 enero 2010 2 05 /01 /2010 16:16
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Noche mágica y misteriosa...¡Qué bonito sería pensar que esta noche todos duermen con esta espera maravillosa!
 
La noche de los Reyes Magos
Noche de Reyes...

Noche mágica y misteriosa...

Noche que hace palpitar aceleradamente los corazones infantiles y que al cerrar sus ojos para dormir, los hará soñar con la tierna ilusión de una muñeca o de un tren de bonitos colores. Porque a pesar de que ahora los juguetes han alcanzado perfecciones insospechadas y técnicas admirables, nada podrá igualar al maravilloso encanto y tierna sencillez de una muñeca "vestida de azul" o de un tren de alegres y vivos colores.

Sueñan los niños y porque sus almas son inocentes y tienen fe, encontrarán sobre sus zapatitos, que esta noche brillan de tan limpios que están, los juguetes anhelados... "porque se portaron bien" y escribieron una carta que siempre empezó así: Queridos Reyes Magos....y los mágicos personajes, Melchor, Gaspar y Baltasar, vendrán al conjuro de esos deseos ingenuos, con sus hermosas capas, con dos coronas y un turbante, para dejar sus regalos.

De tanto pensar en ellos, sienten los niños que en el silencio de esta noche han oído como un rumor de pasos, roce de sedas, terciopelos y brocados... Son los tres Reyes Magos que han pasado. Y ojalá que esos niños guarden para siempre la ilusión y magia de esta noche tan singularmente bella para que, cuando adultos, en sus nuevos hogares, siempre haya una "noche de Reyes". ¡Qué bonito sería pensar que esta noche todos los niños duermen con esta espera maravillosa!

Pero el cuadro tiene su claro-oscuro. Las sombras que nos estrujan el corazón de miles y miles de niños que esta noche no pondrán sus zapatitos porque no los tienen, porque sus pies caminan descalzos sobre la tierra de este Planeta. Que no pedirán ni un tren ni una muñeca sino un mendrugo de pan para tener algo que comer en esta noche de Reyes. Estos niños nos están gritando con el grito silencioso de su presencia, que de nada sirven los tecnicismos de esta era si a los hombres se nos ha endurecido el corazón. Pobre humanidad, envanecida y orgullosa...¡de qué podemos estarlo! si los hombres se matan y los niños tienen hambre.

Hacer a los niños felices sería el mejor regalo y más aún para nuestras conciencias. Que la mejor meta al llegar el año 2009 sería que no existiera un solo niño sobre la faz de la tierra, en la calle, con hambre y descalzo.

Será sin duda el mas severo juicio al que seremos sometidos ante el Creador, porque estuvieron a nuestro lado y no los quisimos ver, tuvieron hambre y no les dimos de comer, tuvieron sed y no les dimos de beber...

Esta noche, noche de Reyes, la humanidad entera y cada uno de nosotros, tendríamos que convertirnos en un Rey Mago, abrazar contra nuestro pecho a un chiquitín, besar sus mejillas sucias, sus ojos tristes y caer de rodillas y pedirles perdón.


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Lunes 4 enero 2010 1 04 /01 /2010 20:12
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Lunes 4 enero 2010 1 04 /01 /2010 14:54
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Viernes 18 diciembre 2009 5 18 /12 /2009 17:54
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Jueves 17 diciembre 2009 4 17 /12 /2009 23:25
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En esta Navidad, deja que Jesús nazca en tu corazón.La Navidad es una persona, es jesús y el quiere entrar en tu vida.

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Jueves 17 diciembre 2009 4 17 /12 /2009 23:18
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La Navidad no es solo para una noche y de esta noche un ratito y tal vez mañana otro poquito. Es mucho más...es todos los días.
 
Navidad... una vez más Señor


Una vez más hemos limpiado la casa. Hemos pulido los metales, hemos abrillantado las maderas.

Una vez más hemos sacudido el polvo, hemos encendido las luces...

Una vez más hemos hecho estrellas de papel plateado, hemos colgado guirnaldas, una vez más está engalanado el árbol de Navidad, una vez más, Señor, tienen nuestra casa ambiente de fiesta navideña.

Una vez más hemos andado con el vértigo del tráfico, de acá para allá buscando regalos y una vez más, Señor, hemos dispuesto la mesa y preparado la cena con esmero... una vez más, Señor...

Y una vez más todo esto pasará y será como fuego de artificio que se pierde en la noche de nuestras vidas, si todo esto ha sido meramente exterior. Si no hemos encendido la luz de Tu amor en nuestro corazón. Si nuestra voluntad no se inclina ante ti y te adora incondicionalmente.

Tu no quieres tibios , ya lo dijiste cuando siendo hombre habitabas entre nosotros, no quieres "medias tintas", a ratos si y a ratos no. Trajiste la paz pero también la guerra. La guerra dentro de nosotros mismos para vencer nuestro egoísmo, nuestra soberbia, nuestra envidia, nuestra gran pereza para la entrega total.

La Navidad no es solo para esta noche y de esta noche un ratito y tal vez mañana otro poquito. Es mucho más que eso, es todos los días, todos los meses y todos los segundos del año en que tenemos que vivir la autenticidad de nuestro Credo.

Ser auténticos con nuestra Fe no solo es: no robar, no matar, no hacer mal a nadie. Busquemos en nuestro interior y veamos esos pecados de omisión: el no hacer el bien, el no preocuparnos de los que están a nuestro lado, del hermano que nos tiende la mano y hacemos como que no lo vemos, como que no lo oímos... Veamos si en nuestra vida hay desprendimiento y generosidad o vivimos solo para atesorar y cuando nos parece que tenemos las manos llenas, las tenemos vacías ante los ojos de Dios.

Que esta Noche sea Nochebuena de verdad en nuestro corazón. Vamos a limpiar y quitar el polvo del olvido para las buenas obras. Vamos a colgar para siempre la estrella de la humildad donde antes había soberbia, vamos a poner una guirnalda de caridad donde antes había desamor.

Vamos a cambiar nuestra vida interior fría y apática, por una valiente y plena de autenticidad. Vamos a darte, Señor, lo que viniste a buscar en los hombres una noche como esta hace ya muchos años: limpieza de corazón y buena voluntad.

Empezamos esta pequeña reflexión con: Una vez más Señor... pues bien, ya no será una vez más, será: Siempre más, Señor.

Y como es una Noche muy especial, en nuestra primera oración, en nuestra primera conversación contigo te pedimos:

POR LOS ENFERMOS, POR LOS QUE NADA TIENEN Y NADA ESPERAN, POR LA PAZ EN EL MUNDO, POR LOS QUE TIENEN HAMBRE, POR LOS QUE TIENEN EL VACÍO DE NO SER QUERIDOS, POR LOS QUE YA NO ESTÁN A NUESTRO LADO, POR LOS NIÑOS Y LOS JÓVENES, POR LOS MATRIMONIOS, POR EL PAPA BENEDICTO XVI, POR LA IGLESIA, POR LOS SACERDOTES EN ESTE AÑO SACERDOTAL.
A TODOS DANOS TU BENDICIÓN Y PARA TODOS LOS LECTORES DE CATHOLIC.NET, UNA MUY FELIZ NAVIDAD.

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Miércoles 16 diciembre 2009 3 16 /12 /2009 23:00
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Les quiero comunicar a todos los usuarios que gracias a Dios hemos migrado de www.libros-catolicos.over-blog.es a nuestro propio dominio www.BlogCatolico.org y que tenemos un nuevo correo electronico para contactos...

Edicion@blogcatolico.org

Estamos a la orden siempre y creciendo para servirle mejor al Pueblo de Dios.

Les recuerdo que estamos buscando colaboradores para crear mas secciones en la web... y para tener mas información en la pagina principal...

Por su ayuda gracias..



 
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Miércoles 16 diciembre 2009 3 16 /12 /2009 20:39
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Bendiciones a todos.
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Miércoles 16 diciembre 2009 3 16 /12 /2009 20:02
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No necesitamos falsos mesías. Necesitamos hacer presente, con sencillez y con audacia, el rostro de Jesús, el verdadero Mesías.
 
Falsos mesías
Siempre ha habido injusticias. Por culpa de explotadores sin escrúpulos, por cobardes dispuestos a ceder a todo con tal de conservar su puesto, por ambiciosos que desean más y más poder y riqueza.

Frente a la miseria, incluso al hambre que sufren millones de personas por culpa de la injusticia, en el pasado y en el presente han surgido falsos mesías.

El falso mesías es un líder que se siente “llamado” a iniciar la revolución, a imponer (según promete) la justicia, a eliminar opresores e iniciar un mundo nuevo, perfecto, incorrupto.

El falso mesías realiza promesas halagüeñas. Con sus palabras y con sus programas más o menos definidos, sintoniza con el dolor del pueblo, con la angustia de la gente pobre, con el hambre de quienes no saben cómo conseguir el pan de cada día.

El falso mesías crea ilusiones, suscita esperanzas, logra adhesiones, moviliza masas. Encandila a miles de personas, dispuestas a sumarse al movimiento revolucionario, a la conquista del mundo perfecto, a la rebelión contra los opresores. A veces da un toque religioso a sus proyectos, se presenta como líder carismático, inicia “guerras santas” en las que surgirán, según promete, estados teocráticos “perfectos”.

Pero el falso mesías vive ciego en su autoexaltación. Por eso trabaja hasta la locura por la conquista del poder a cualquier precio, realiza todo tipo de extravagancias, incluso de violencias, con tal que lograr sus objetivos.

Inicia, incluso, guerras de liberación, alzamientos populares con miles de campesinos hambrientos y mal armados, con barricadas en las calles en las que obreros o jóvenes luchan desesperadamente con policías o ejércitos profesionales.

Si la revolución triunfa, si las masas rompen los diques del sistema establecido, inicia la fase de atropellos y crímenes masivos. Los enemigos políticos son eliminados sistemáticamente. Las libertades se suprimen “en nombre de la revolución” o del triunfo del estado teocrático. La oposición queda reducida a la impotencia, perseguida y encarcelada como aliada de la injusticia opresora o de fuerzas extranjeras que buscan ahogar la lucha popular.

Crímenes, cárceles, incendios, guerras más o menos abiertas, siembran con desorden y caos la vida de los pueblos. El pobre, de repente, descubre que es más pobre. El que sufría por culpa de los opresores del pasado ahora siente cómo una nueva dictadura ahoga su vida familiar y social. El que defendía al caudillo idealizado no puede ya pronunciar ideas propias ni disensos democráticos porque sólo el líder tiene la razón, y nadie puede alzar una voz contra las consignas revolucionarias.

Así han actuado personajes siniestros del pasado, como Robespierre, Lenin, Stalin, Hitler, Mussolini, Mao Tse Tung, Pol Pot. Así actuarán en el futuro, quizá ya en nuestro presente dramático, líderes inquietos dispuestos a todo para conquistar, a través de promesas irrealizables, el poder en nombre de pueblos realmente oprimidos.

Ha habido, hay, y habrá, falsos mesías. No será fácil resistir a sus engaños, combatir contra sus mentiras, detener su pasión violenta. Porque buscan a toda costa imponer sociedades “perfectas” que son, en realidad, reflejos profundos de la máxima injusticia: la de quien promete un mundo justo a costa de la vida de miles de inocentes.

Frente a tanto engaño y tanta sangre, los cristianos tenemos el Evangelio. El mundo no cambia con promesas vanas ni con violencias gratuitas. El mundo cambia cuando introducimos amor y esperanza, cuando mejoramos por vías pacíficas las leyes, cuando denunciamos, sin odio, explotaciones inhumanas para ir, poco a poco, hacia sociedades más perfectas.

Habrá siempre, es realista reconocerlo, pobres entre las calles de nuestro barrio. Pero serán ayudados y asistidos, hoy como en el pasado, por miles de hombres y mujeres que, desde su fe cristiana, saben vencer el mal del mundo con el bálsamo de la misericordia y del amor fraterno.

No necesitamos falsos mesías. Necesitamos hacer presente, con sencillez y con audacia, el rostro de Jesús el Nazareno. Dios y Hombre, amigo de los pobres y enfermos, enemigo de injusticias, promotor de amores que rompen barreras sociales, políticas o culturas que separan a los hombres. Verdadero Mesías, sembrador de esperanzas en un mundo lleno de heridas, necesitado de nuevos samaritanos que limpien llagas y construyan, sin violencia ni rencores, sociedades justas y fraternas.

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Martes 15 diciembre 2009 2 15 /12 /2009 16:26
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No reniegues de la vida y de tus problemas
(RUAH Radio) El arquitecto Rafael Flores nos brinda su testimonio de vida en Cristo, nació en una familia católica y con muchos problemas llegó a tener una posición exitosa económicamente para luego enfrentar las pruebas y dificultades mas severas que una persona se pueda imaginar.

Vive en San Pedro Sula en Honduras es cantante y predicador, participa en los grupos de matrimonios y de renovación, en la pastoral penitenciaria en el presidio donde se juegan la vida la "mara salvatrucha" y la "mara 18".

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Lunes 14 diciembre 2009 1 14 /12 /2009 19:44
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Reflexión del día

Abrir nuestro corazón al don de Dios
Miércoles segunda semana Cuaresma. Pidámosle a Cristo nos conceda abrir nuestro corazón al don de Dios, y nos permita abrir el nuestro para ser don de Dios para los demás.
 
Abrir nuestro corazón al don de Dios


Nuestra vida no es simplemente una serie de circunstancias, una serie de días que van pasando uno detrás de otro, sino que todos los días de nuestra vida son un don de Dios, no sólo para nosotros, sino sobre todo un don de Dios para los demás, para aquellos que viven con nosotros. Un don de Dios que requiere, por parte nuestra, reconocerlo y hacernos conscientes de que efectivamente es un regalo de Dios. Y permitir, como consecuencia, que en nuestro corazón haya un espíritu agradecido por el hecho de ser un don de Dios.

En la historia de la Iglesia, Dios nuestro Señor ha ido dando dones constantemente, y a veces Él se prodiga de una forma particular en algunas circunstancias, por lo demás muy normales, muy corrientes, pero que se convierten de modo muy especial en don de Dios para sus hermanos. Es Él quien decide dar hombres y mujeres a su Iglesia que ayuden a los demás a caminar, que ayuden a los demás a encontrarse más profundamente con Cristo; es Él quien decide hacer de nuestras vidas un don para los demás.

Ciertamente que esto requiere, por parte de quien toma conciencia de ser un don de Dios para los demás, una correspondencia. No basta con decir “yo me entrego a los demás”, “yo soy un don de Dios para los demás”, es necesario, también, estar conscientes de lo que por nuestra parte esto va a suponer. A veces podemos convivir con el don de Dios y no ser conscientes de que lo tenemos a nuestro lado y no ser conscientes de que Dios está junto a nosotros. Podemos estar conviviendo con el don de Dios y no reconocerlo.

Algo así les había pasado a Santiago y a Juan, los hijos de Zebedeo. A pesar de llevar ya tiempo con nuestro Señor, no habían captado el don de Dios. Tanto es así que, justamente después que Cristo les habla de pasión, de muerte y de resurrección, acompañados de su madre, llegan y le dicen a Jesús: “Queremos sentarnos uno a tu derecha y otro a tu izquierda”. Cuando Jesús está hablando de renuncia, de entrega, de sacrificio, de redención, ellos le hablan a Cristo de dignidades, de cargos y de honores.
¡Qué misterio es el hecho de que se puede convivir con el don de Dios y, sin embargo, no reconocerlo! Nuestra vida puede ser una vida semejante a la de los hijos de Zebedeo, que tenían el don de Dios más grande —Cristo nuestro Señor—, y no lo habían reconocido.

El don de Dios, el Hijo de Dios caminaba con ellos, comía con ellos, dormía con ellos, les hablaba, les enseñaba, y ¡no lo habían reconocido! Es necesario tener los ojos abiertos y el corazón dispuesto a acoger el don de Dios, porque nos damos cuenta de que, no solamente Juan y Santiago no habían captado nada del don de Dios que era Cristo para sus vidas, tampoco nosotros mismos, muchas veces, lo hemos captado.

En este Evangelio encontramos una serie de características que tiene que tener nuestro corazón para ser capaz de reconocer el don de Dios: En primer lugar, estar dispuestos a servir a los demás; en segundo lugar, estar dispuestos a beber el cáliz del Señor, y en tercer lugar, estar dispuestos a ir con Cristo, como corredentores, por el bien de los demás.

Corredentor, compañero y servidor son las características del corazón que está dispuesto a reconocer el don de Dios y del corazón que está dispuesto a ser don de Dios para nuestros hermanos. A nosotros, entonces, nos correspondería preguntarnos: ¿Soy yo también corredentor? ¿Tomo yo como mía la misión de la Iglesia, la misión de Cristo, que es salvar a los hombres? ¿Soy compañero de Cristo, es decir, lo tengo frecuentemente en mi corazón, bebo su cáliz, comparto con Él todo? ¿Su vida es mi vida, sus intereses los míos, sus inquietudes las mías? ¿Soy servidor de los demás? ¿Estoy dispuesto a ser de los que sirven, de los que ayudan, de los que colaboran, de los que cooperan, de los que se entregan, de los que dan sin esperar necesariamente una recompensa?

Así como el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida como rescate de muchos, ¿tenemos nosotros la conciencia de que éste debe ser el retrato de nuestra vida: corredentores, compañeros y servidores de Cristo? Esta conciencia, que nos convierte en don de Dios para los demás, es la que nos convierte en colaboradores, en ayuda y en camino de Dios para nuestros hermanos los hombres.

No soñemos pensando que simplemente porque los criterios del Evangelio más o menos se nos emparejen y estemos de acuerdo con ellos, ya por eso tenemos claro el don de Dios. Si no eres con Cristo corredentor, si no eres capaz de beber su cáliz y si no eres con Cristo servidor de tus hermanos, serás lo que seas, pero no me digas que has encontrado el don de Dios, porque te estás engañando.

Cuando el Señor nos llama a la fe cristiana, es para llenarnos de cosas cotidianas y normales, como es cada una de nuestras vidas. En lo cotidiano está el don, no tenemos que buscar cosas extraordinarias ni milagros ni cosas raras.

Pidámosle a Cristo que nos conceda abrir nuestro corazón al don de Dios, pero también pidámosle que nos permita abrir nuestro corazón para que también nosotros, corredentores, compañeros y servidores, sepamos ser don de Dios para los demás.




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